FOESC

Lo que empieza cuando suena el timbre de salida

En el inicio de curso, FOESC reivindica el tiempo no lectivo —acogida, comedor, patio y extraescolares— como la otra mitad de la educación, y pide a familias y administraciones que lo traten como lo que es: un servicio educativo con proyecto y oficio.

Autoría: FOESC4 minutos de lectura

Esta semana, millones de familias han vuelto a sincronizar sus vidas con un sonido: el timbre del colegio. Se habla mucho del de las nueve de la mañana. Nosotros queremos hablar del otro, el de la salida. Porque cuando suena ese timbre no termina la educación de un niño: empieza su otra mitad.

La acogida matinal donde una niña desayuna tranquila porque su madre entra a trabajar a las siete. El comedor, que no es un trámite alimentario sino dos horas diarias de convivencia, autonomía y aprendizaje de eso tan difícil que es compartir mesa. El patio del mediodía con juego guiado. Las extraescolares de la tarde: el teatro, el ajedrez, la robótica, el balonmano, el refuerzo. Sumen las horas de un curso entero y descubrirán algo que la pedagogía sabe hace décadas: el tiempo no lectivo bien acompañado es, literalmente, media educación.

La UNESCO lo dejó escrito en uno de los informes más influyentes de la historia educativa, el informe Delors: educar es aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser. Los dos primeros pilares tienen su reino en el aula. Los dos últimos —convivir y ser— se aprenden sobre todo donde hay juego, grupo, conflicto real y tiempo compartido: es decir, en ese territorio que algunos llaman despectivamente «actividades» y que la pedagogía del ocio lleva medio siglo reivindicando como espacio educativo con estatuto propio. La Convención sobre los Derechos del Niño lo eleva a derecho en su artículo 31: el juego, el esparcimiento y la vida cultural no son el premio tras la educación; son parte de ella.

Sabemos que muchas familias llegan a estos servicios por la puerta de la conciliación: necesitan que alguien esté con sus hijos mientras trabajan. Es legítimo y es importante: sin estos servicios, la vida laboral de este país —especialmente la de las mujeres— sencillamente no cuadra. Pero queremos invitarles a mirar lo que hay detrás de la puerta: no un aparcamiento con merienda, sino un equipo de profesionales de la educación en el tiempo libre con un proyecto pedagógico, una programación y un oficio. La conciliación es el motivo visible; la educación es el motivo de fondo.

Por eso, en este inicio de curso, las empresas y profesionales del ocio educativo queremos hacer dos peticiones. A las familias: pregunten por el proyecto educativo de la extraescolar y del comedor igual que preguntan por el del colegio; exíjannos calidad, es su derecho y nuestro oficio. Y a las administraciones que contratan estos servicios: recuerden que cada pliego de comedor o de extraescolares es un pliego educativo, y que la mitad de la educación de este país no puede adjudicarse al que más baje el precio.

El curso ya ha empezado. También el nuestro. Cuando suene hoy el timbre de salida, ahí estaremos: donde la educación continúa.

Fuentes y documentos de referencia

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