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La cultura de proximidad también es economía

Los ayuntamientos gastan en cultura más que el Estado y todas las autonomías juntas. Qué dice ese dato sobre dónde se genera de verdad la riqueza cultural de este país.

Autoría: FOESC4 minutos de lectura

¿La administración lo entiende?

Hay un dato que casi nadie conoce y que debería reordenar el debate cultural de este país: los ayuntamientos gastan en cultura más que el Estado y todas las comunidades autónomas juntas. En 2023, la Administración local ejecutó 4.779 millones de euros en cultura; el Estado, 1.184; las autonomías, 1.751. Seis de cada diez euros públicos de cultura se deciden en un pleno municipal. La política cultural española no se escribe en un ministerio: se escribe en los presupuestos de los pueblos y las ciudades, y se ejecuta en bibliotecas de barrio, museos comarcales, centros culturales, talleres, semanas culturales y programas de dinamización del patrimonio.

Quien presta esos servicios, día a día, es un tejido de empresas y entidades pequeñas, intensivas en personas, especializadas en algo que no sale en las cuentas nacionales pero las alimenta: convertir presupuesto cultural en experiencia ciudadana. Somos el sector del ocio educativo y la animación sociocultural, y llevamos décadas siendo la fase educativa y de difusión de las industrias culturales: el eslabón que hace que una biblioteca sea algo más que un depósito de libros y que un museo sea algo más que una colección.

¿Y cuánta riqueza crea todo esto? La estadística oficial ya responde: la cultura aporta el 2,2% del PIB español, un 3,4% si se cuenta el conjunto de la propiedad intelectual, y da trabajo a 771.000 personas, el 3,6% del empleo del país, creciendo a un ritmo del 6,6% anual. Es, además, el empleo más cualificado de la economía: siete de cada diez personas ocupadas en cultura tienen estudios superiores, frente a menos de la mitad en el conjunto del país. En Europa, las industrias culturales y creativas facturan más de 640.000 millones de euros y emplean a más gente que las telecomunicaciones y la automoción juntas.

Pero el dato más interesante no es el tamaño, sino la forma. La cultura genera el 2,2% del valor con el 3,6% del empleo. Algunos leerán ahí baja productividad; nosotros leemos lo contrario: un sector que convierte cada euro de valor en más trabajo, más repartido y más arraigado al territorio que ningún otro. La riqueza cultural no se acumula en dividendos: se distribuye en nóminas, cotizaciones y compras de proximidad, en un tejido donde el 95% de las empresas tiene cinco trabajadores o menos. En un país obsesionado, con razón, por el empleo, un sector que maximiza empleo por unidad de PIB no es un lujo: es política económica.

La investigación académica lleva años confirmándolo. Econcult, la unidad de economía de la cultura de la Universitat de València que dirige Pau Rausell y que hoy lidera proyectos europeos sobre el impacto social de la cultura, estimó que donde crece un 1% el peso de las industrias creativas, la renta per cápita se asocia con un crecimiento de en torno al 0,4%. Sus estudios de caso ponen cifras a lo que cualquier alcaldesa intuye: unas fiestas bien gestionadas en una ciudad media como Gandia mueven más de 40 millones de euros y sostienen cientos de empleos. Y su trabajo comparado europeo describe una vía mediterránea a la innovación hecha exactamente de lo que somos: organizaciones pequeñas, patrimonio denso, servicios y creatividad.

Si todo esto es cierto —y las fuentes son públicas, verificables y están al pie de este artículo—, entonces hay que decir en voz alta la conclusión: cada contrato municipal de gestión cultural y de ocio educativo es una inversión productiva, no un gasto prescindible. Adjudicarlo a la baja, precarizarlo o dejarlo desierto no ahorra: destruye el eslabón que convierte el presupuesto cultural en riqueza real. Lo que este sector pide no son subvenciones, sino lo que pediría cualquier industria que aporta más de dos puntos de PIB: contratación pública de calidad, datos oficiales que lo midan bien y reconocimiento de lo que ya es. La cultura de proximidad también es economía. Ya va siendo hora de contarla como tal.

Fuentes del artículo: Cuenta Satélite de la Cultura en España y Anuario de Estadísticas Culturales 2025 (Ministerio de Cultura); explotación cultural de la EPA (nota 20/02/2025); Rausell et al. (2011); Econcult-Universitat de València (econcult.eu); EY/GESAC, Rebuilding Europe (2021).

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_Este artículo resume el Cuaderno FOESC 03, La capacidad de creación de riqueza de las industrias culturales, disponible para descarga en la sección de estudios._